17Jun
2015
Escrito a las 2:49 pm

Durante varios meses he sido optimista sobre la probabilidad de acuerdo entre Grecia y sus socios de la zona euro. Pensaba que, una vez integrada la economía en la moneda única, nadie estaría dispuesto a pagar el precio de un fracaso y de la vuelta a la antigua moneda nacional del país en cuestión. Las posiciones alejadas con las que ambas partes se sentaron a la mesa de negociaciones tras la victoria de Tsipras el pasado mes de enero no fueron capaces de rebajar mi optimismo. Pero las noticias que llegan de Bruselas y de Atenas en los últimos días señalan riesgos reales de ruptura.

No creo que sea el momento de discutir tendría que asumir más culpas en caso de que no se encuentre una solución en los próximos días. Todavía hay tiempo para buscar una solución de última hora, que evite la catástrofe. Porque todos perderemos mucho si no se alcanza un final feliz, por más que lo acordado no satisfaga plenamente a nadie. Es más, creo que el acuerdo posible sólo es alcanzable en un punto alejado del óptimo perseguido por unos y otros a lo largo de la negociación. Como lo que está en juego es muy importante, las dos partes debieran flexibilizar aún más sus posiciones y rebajar sus exigencias. Gideon Rachman publicó ayer en el Financial Times un artículo comparando la situación de las partes negociadoras con la famosa escena de “Rebelde sin causa” en la que James Dean y su contrincante conducen sus coches hacia el abismo confiando en que el que el que más tiempo aguante sin frenar en seco ganará el juego. Como todos recordamos, el contrincante cayó al vacío. Así que conviene advertir a los negociadores que con sus respectivas economías, y con los ciudadanos que asisten con preocupación a sus conversaciones y desencuentros, no se juega. Porque el precio a pagar sería demasiado elevado para todos.

 

 

Dejar un comentario

*