23Jun
2015
Escrito a las 10:36 am

El próximo día 25 se reúnen los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE. Su agenda estará especialmente repleta de temas muy importantes: Grecia por supuesto, pero también Rusia, Siria, Libia, el próximo referendum británico… Quizás por esa razón no espero grandes decisiones en relación con otro punto de enorme interés incluido en el orden del día de esta cumbre. Nada menos que el referido al futuro de la Unión Económica y Monetaria (UEM). El documento de los “cinco Presidentes” (Juncker, Draghi, Tusk, Schulz y Dijsselbloem) presentado hoy como guía para la discusión plantea una hoja de ruta en tres etapas, según el método seguido para avanzar hacia la creación del euro.

Hasta el 2017, año electoral en Francia y Alemania, propone mejoras en el funcionamiento del actual marco institucional y legal. De cara al futuro sugiere pasos más ambiciosos hacia la Unión Fiscal y la Unión Económica. Pero la ausencia de decisiones inmediatas no puede servir de excusa para dejar pasar la oportunidad de corregir los fallos del diseño inicial de la UEM. Lo que durante años fue una cuestión meramente académica, ahora está en el centro del debate político y las consecuencias afectan a las condiciones de vida y a las expectativas de futuro de millones de personas. Y el futuro mismo de la integración europea depende de los acuerdos que se logren al final de ese debate.

Hace dos años, los líderes de los 28 examinaron ya una propuesta en varias fases para reforzar la estructura y funcionamiento de la eurozona. Pero la cercanía de los cambios al frente de las instituciones europeas, y quizás también la menor presión consecuencia de la mejora de la situación económica o la emergencia de asuntos más urgentes, distrajeron su atención. Ahora la agudización de la crisis griega es un argumento poderoso para abordar de una vez por todas la arquitectura definitiva de la UEM. Porque muchas de las críticas recibidas por las carencias del modelo puesto en marcha en el Tratado de Maastricht, básicamente en vigor después de más de dos décadas, han resultado bastante certeras. Así que una vez encontrada una solución de emergencia para evitar la catástrofe en Atenas, hay que ponerse a trabajar para encontrar la manera de no repetir experiencias similares.

 

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