Artículo publicado en el Blog sobre el Brexit de la LSE, el 19 de febrero de 2016 (en inglés)

Foto: blogs.lse.ac.uk/brexitvote/

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La mayoría de los estudios llevados a cabo sobre las consecuencias del “Brexit” (la salida del Reino Unido de la Unión Europea) concluyen que Gran Bretaña tendrá que hacer frente a consecuencias muy negativas en el medio a largo plazo. Pero también el resto de Europa sufrirá si finalmente los votantes británicos deciden abandonar la UE. Una razón inmediata es el hecho de que el Reino Unido es un contribuyente neto al presupuesto de la UE. Además, la mitad de las importaciones a Gran Bretaña provienen de otros estados miembros. Si nos fijamos en los debates políticos en Bruselas, Gran Bretaña apoya firmemente las estrategias de modernización de la economía europea – unión de mercados de capitales, un mercado interior digital, un mercado energético único, puesta en práctica de la directiva de servicios… – y es uno de los principales defensores de una “mejor regulación” y de la lucha contra el exceso de burocracia. De hecho, Gran Bretaña está impulsando las negociaciones del Tratado con Estados Unidos (TTIP) además de apoyar la negociación de otros acuerdos de libre comercio, en contra de tentaciones proteccionistas. Por último, pero no menos importante, la City de Londres es la plaza financiera más importante para las operaciones denominadas en euros.

Teniendo todo esto en cuenta, queda claro que ambos lados – Cameron y sus colegas Jefes de Estado y de Gobierno – deberían interesarse más en llegar a un acuerdo sobre los cuatro puntos que adelantó el Premier británico como condición para permitirle hacer campaña por el “sí” en el referéndum. Leyendo el documento de Donald Tusk en respuesta a Cameron, creo que es perfectamente posible llegar a una conclusión positiva en el debate del próximo Consejo Europeo. Esperemos que los votantes sigan el compromiso de Cameron por mantener a Gran Bretaña en la UE, pues el “Brexit” tendría, desde mi punto de vista, consecuencias muy serias. Ante todo para el Reino Unido, puesto que supondría un aliciente en favor de nacionalismos y proteccionistas, la pérdida de incentivos para atraer inversores extranjeros y en particular para aquéllos que hacen de la City su principal “hub” financiero. A corto plazo, la incertidumbre alrededor del proceso de negociación para “desconectar” al Reino Unido de la UE, afectaría de manera negativa a la evolución de la economía británica.

Pero a su vez, desde el punto de vista de la UE el hecho de perder al Reino Unido probablemente provocará tentaciones centrífugas y añadirá más nubes al complejo paisaje que contempla Europa este año.

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